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niñas
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Las niñas son poderosas. Ése es el mensaje por el que merece la pena que las mujeres peleemos en la sociedad reivindicando unos derechos que tanto nos está costando que se reconozcan. Toda la historia contemporánea gira en torno al papel de la mujer en la cotidianeidad; la marginación femenina a la crianza y cuidados ajenos y al enfoque de cara a la resolución de nuestros conflictos y la gestión de los recursos con los que nos “dota” la educación oficial han sido una constante a lo largo del tiempo. 

El empoderamiento femenino molesta; alejar a la mujer de los centros de poder ha sido siempre la finalidad de un sistema educativo anclado en el pasado y en la prepotencia masculina. “Educar para la maternidad y el mantenimiento del hogar” “Prohibición de disponer de nuestro propio dinero y de un trabajo que nos permita el desarrollo como personas independientes” “Circunscribirse a la crianza de la prole impidiendo la atracción de otros intereses simultáneamente, so pena de que el núcleo afectivo rentabilice el sentimiento de culpa inculcado por la sociedad civil con la religión a la cabeza, cualquiera que sea el color de ésta” … son axiomas utilizados desde el punto de vista antropológico para hacerse con ese poder y que, por mucho que evolucione el entorno o cambie la situación, se extrapolan para que el benefactor de estas ideas siga siendo un hombre. 

“¿Hasta qué punto somos conscientes de este machismo?” La respuesta es: “poco”.  La protección a las niñas se ve como “diferenciación” pero la desprotección se traduce a que los niños juegan en el centro de los patios escolares relegando a las pequeñas hacia los lados del receptáculo. O suprimen el segundo apellido cuando llaman al alumnado negando el papel de la madre poseedora de derechos. Son detalles que, como tantos otros, contribuyen a la falta de visibilidad de la mujer y, por ende, de las niñas.  Una prueba  de lo poco importante que han sido en este país la igualdad de roles ha sido la prohibición del matrimonio a menores de 16 años….en 2015. Hasta la Ley de Jurisdicción Voluntaria, una familia podía entregar a una menor de 14 años sin haber acabado la ESO, en clara reminiscencia de la importancia del rol procreador que había en otras décadas, potenciando la pederastia  y la violencia contra las niñas. Hoy en día las niñas pueden casarse con 16 años si están emancipadas; la mayoría legal de edad es a los 18.

Nos quedan muchas cosas que mejorar y más que desear; aún así, fomentar el feminismo en la infancia en el Primer Mundo es tan necesario como desear que en África o en el Islam las mujeres y las niñas dejen de ser la parte débil de la humanidad, sufriendo agresiones por ir al colegio o siendo violadas como arma de guerra. Muchas de las cosas que pasan allí están ocurriendo a nuestro alrededor, aunque sea de otra manera. 

 

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