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La presidenta del Círculo de Empresarios Mónica Oriol ha ofrecido al Gobierno una manera de “desparasitar” España: no abonar ni el Salario Mínimo Interprofesional a trabajadores sin cualificación, que quedaría reservado a licenciados con carrera y un par de idiomas, al parecer; considera la dama que, puesto que “no valen para nada”, el Gobierno de Mariano Rajoy debería legislar para que no puedan ni comer, “que no puede ser, pensará ella, que aquí ganen 600 euros al mes cuando en China o la India hacen lo mismo por 40”. Muerto el perro, se acabó la rabia.

 

Considera la señora empresaria, presidenta y accionista mayoritaria de la empresa que gestionó la seguridad en el Madrid Arena la noche de Halloween  en que murieron cinco chicas, que para ganar dinero hay que demostrar la cualificación y hacer méritos en la empresa, como queriendo decir la princesa desde la torre que uno se hace rico si va sobradamente preparado. Olvida su majestad Mónica Oriol  que es muy fácil ser empresario cuando contratas con subvenciones públicas, que igual para conseguir ciertas concesiones no hace falta ser nieta de alcalde franquista, pero para conseguir la subasta de los contadores “inteligentes” en Castilla La Mancha o la seguridad de eventos de grandes dimensiones en la comunidad de Madrid, algún “gesto” se habrá quedado por el camino; porque Mónica Oriol solo saluda a sus iguales. Y  para que la empresa privada tenga más oportunidades de enriquecimiento, que no de generar riqueza para el país, plantea Mónica Oriol desde su atalaya un mayor adelgazamiento del sector público, brutales recortes en protección social e indemnización de 18 días por año trabajado: miseria y migajas para la clase trabajadora, un país en blanco y negro como el NODO de los años 40 o 50, donde el señor daba propinas en mano a sus trabajadores según se hubieran portado cuando llegaba la Navidad; puta miseria.

 

Pero hete aquí que, mostrándonos su lado más humano, nos sorprende desvelándonos la verdad: fustigada por las luchas de poder en su propio entorno y la presión de los medios, compungida, llorosa, la aguerrida empresaria confiesa que nos hemos equivocado con ella y que el error de interpretación ha sido nuestro al oír sus palabras y que se equivocó en la forma pero no en el fondo; porque en ningún momento dijo que no pensara así, sino que se equivocó al expresarse. “A nadie debería juzgársele por su cualificación, la dignidad y la valía están por encima”. ¿Alguien puede explicarme por qué esta señora no está imputada por cinco muertes  como presidenta ejecutiva de Seguriber? Dignidad, ¿dónde estarás cuando gente como esa abre la boca?

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