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Llegas a casa a la tarde después de trabajar, miras a tu alrededor y te  sientes a gusto. Tu casa está en silencio, no esperas mucho más del día que la rutina de la cena, los niños con sus deberes y un vistazo a ver qué dan por la tele. De repente, llaman a la puerta. Extrañado porque no esperas a nadie, por la mirilla ves a un señor con traje y gafas. Abres la puerta y te saluda. Parece un tipo agradable; se presenta: “soy Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea”. De entrada, es como hablar con un  vecino: comenta la tranquilidad de la zona en la que vives, lo grandes que están tus hijos y que viene a ofrecerte un acuerdo que será bueno para tu futuro. Pasáis al salón.

Jean-Claude Juncker habla en representación de una empresa apodada “Troika”, abanderada de políticas neoliberales. Empieza a hablarte de tu calidad de vida, de la necesidad de reforzar el sistema de la Unión Europea tal y como se conoce y que pasa necesariamente por recortar servicios de  los que se ha abusado, como la Sanidad y la Justicia gratuitas, que ya está bien de aprovecharse de papá Estado. Que si tienes tu seguro de coche tienes que tener también un seguro sanitario o un plan de previsión para la vejez porque no hay dinero para pensiones. Tú le escuchas y su discurso te suena lógico; es cierto que cualquiera denunciaba porque era gratis, las facturas iban con o sin IVA y el turismo sanitario era mundialmente conocido. Jean-Claude Juncker te propone firmar un adelanto de 1600 millones de euros a cambio de estrechar tus condiciones de vida, ya de por sí deterioradas desde que entró la moneda única, como seguir bajando sueldos o recortar pensiones. Tú dudas, pero ¿cómo van a equivocarse todos los cabecillas políticos de la gran Europa? ¿Acaso no te dan miedo los mensajes populistas que te pueden llevar a la ruina? Cuando habla de la creación de “mini jobs”, que más vale poco que nada, de que ese dinero contribuirá  al fin de la recesión y que tu seguridad pasa por la de la banca, coges el boli para firmar el documento que te ofrece y en ese momento se oyen las llaves y entra por la puerta tu mujer.

Mira al tipo y los papeles con desconfianza y él se presenta de nuevo; empieza con la importancia de seguir con una política común para mantener no sé qué intereses, la verdad es que no me he enterado mucho pero me ha dicho que el Estado tendrá dinero para pagar la deuda y vamos a vivir mejor. Tu mujer coge los papeles y pregunta enfadada qué quieres firmar. Al leerlos, coge soberano cabreo y dice que de su bolsillo jamás saldrán impuestos para  mantener a una élite política que tiene más dinero en Suiza que en su país, que gravar al 23% el turismo, principal fuente de ingresos de Grecia, es un suicidio económico. Jean-Claude Juncker le responde que no  se preocupe, que siempre pueden avalar el dinero con sus islas, que tienen muchas. 

Es en ese  momento cuando mi mujer pierde los papeles, cruza los brazos en jarras y le amenaza con dejar de comprar armamento  a Alemania, volver al dracma y dejar de pagar la deuda; que aquí la que manda es ella y que tenemos que hablar; hasta el lunes 6 no hay respuesta. Diplomático, el político sale por la puerta, aunque intuyo que ahí no acaba la cosa. Ya en el portal, Jean-Claude Juncker saca el móvil de la chaqueta y busca la solución antes de que alerten a la familia. “Viven en el 2ºD. ¡Haced que parezca un accidente!”.

 

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